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Novedades y Tendencias en Signos Marcarios - La Visión del Sector Público

 Ing. Gerardo A. Rodríguez - Director de Marcas - INPI

 Dr. Aldo Petrone  -  Asesor legal - INPI

   15 de octubre, 2003                        

DIRECCION DE MARCAS

No es necesario decirles a ustedes que es una marca, pero si recordar y resaltar la evolución de la importancia del signo marcario, en particular desde la segunda mitad del siglo XX.

Las guerras introdujeron abruptos adelantos tecnológicos que incidieron en el comercio, principalmente los logrados en las áreas de las comunicaciones y del transporte, lo que condujo, en las postrimerías del siglo pasado, a la globalización, rápidamente en el comercio y más lentamente en lo cultural pero que inevitable y con el tiempo culminará con lo que se da en llamar la “aldea global”. Un sinnúmero de idiomas nuevos van apareciendo como resultado de este fenómeno y vemos el portuñol y el spanglish como los más cercanos.

Pero no es solo esto último, también se va perdiendo y confundiendo el verdadero origen de la cosa, producto o servicio, que puede ser producido en cualquier lugar del mundo que tenga las ventajas competitivas necesarias. Así hoy, una zapatilla NIKE tiene un origen incierto, puede ser confeccionada en Pakistán, la India, en Argentina o vaya a saber donde pues el “made in”, incluso, está siendo dejado de lado, pero el diseño y los estándares de calidad están contenidos implícitamente en la marca, NIKE es NIKE venga de donde venga.

La importancia de la diferenciación e identificación del producto o servicio pasó a ser de vital importancia en cualquier estrategia de marketing. Hoy, en muchos casos, el principal activo de una empresa son sus marcas y de ello la necesidad de preservarlas, condicionando a las distintas Oficinas de Marcas a ser extremadamente cuidadosas con los criterios a adoptar, incluso en lo formal, frente a la mayor probabilidad de conflictos judiciales y a inducir al mismo tiempo al cliente a evitar la solicitud de marcas que de ser concedidas, seguramente serán débiles.

De allí el enorme esfuerzo en la difusión e información generalizada que estamos llevando a cabo a través de nuestra página web, de charlas como estas y de continuas y constantes incursiones en el interior del país.

Cada uno de los integrantes del INPI se ha convertido en un difusor de la actividad en la Propiedad Industrial, tarea que culminará con una suerte de descentralización del Instituto instalando delegaciones, a los efectos de información primero y de recepción luego, en los principales puntos de demanda del país. Ya hay convenios firmados, en ese sentido, con las provincias de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires y a fines de este mes, con la colaboración de la OMPI, se llegará con las actividades de extensión al Chaco, Mendoza, Tierra del Fuego y nuevamente a Córdoba.

Un capítulo aparte es la importancia y desarrollo de las indicaciones geográficas, no solamente importantes en cuanto a la identificación de los productos con un  particular valor agregado regional sino también en la conservación de la diversidad cultural que, como la biológica, debe conservarse aún frente al avance de la “aldea global” y de la biogenética, de manera de tener a mano la forma primigenia que permita regresar a las fuentes en caso de error o mal manejo.

Si bien nuestras sabias leyes, ya desde antaño, tuvieron en cuenta las indicaciones geográficas (IG), recién luego del Acuerdo Sobre la Propiedad Intelectual y el Comercio  o ADPIC, conocido también por sus siglas en inglés como TRIPS y  logrado en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC), se les dio la real importancia que tenían y se transformó a las IG en condicionamientos naturales al comercio pero que pueden degenerar en vallas paraarancelarias para el mismo. La adhesión y ratificación del ADPIC por parte de la Argentina hace que la Oficina deba ser sumamente estricta con los términos que puedan violar estos principios a futuro. En este entendimiento trabaja y reclama en forma constante, con y a los distintos organismos del Estado, la elaboración de listas nacionales y convenios bi y multilaterales que clarifiquen el límite entre lo que, para la Argentina, será considerado una indicación geográfica y lo que no.

La colaboración de la Dirección de Marcas en este sentido es total e incondicional, manteniendo el criterio de no regalar nada sino de negociar los reconocimientos por ventajas para nuestras propias indicaciones u otras mejoras en términos de intercambio comercial. El primer paso firme es el convenio celebrado recientemente con el Instituto Nacional de Vitivinicultura, autoridad de aplicación en lo referente a Denominaciones de Origen y Denominaciones de Origen Controladas para productos y subproductos vínicos.

Esto trae a la Dirección de Marcas un desafío a ser resuelto con la mayor premura y es el de contemplar nuevas formas de signos distintivos, incorporar el concepto de valor de una marca para que su uso como garantía en operaciones crediticias y sus transferencias tengan la transparencia necesaria que caracteriza las transacciones de cualquier activo, más allá de su tangibilidad y, por último, la agilización de trámites para que coincidan o al menos  acerquen los tiempos burocráticos con los que determina el desarrollo de un negocio.

Vemos con satisfacción y también con preocupación el intento de registro de casi cualquier tipo de hecho característico. Así recibimos solicitudes de marcas sonoras, olfativas, táctiles además de los tradicionales signos denominativos, mixtos y figurativos, pero aún dentro de estos se presentan cambios sorprendentes, como marcas animadas, en tres dimensiones  y por sobre todo palabras en distintos idiomas tanto reales o de existencia fáctica como los nombrados portuñol y el spanglish. Esta explosión de imaginación trae como consecuencia la adopción de criterios nuevos y dinámicos pues deben adaptarse a un cambio frenético debiendo  apelar a la casuística ante cada novedad antes de establecer un criterio lo que se dará ante la repetición de casos. La misma difusión de Internet hace que se relativice la definición de un signo pasado al lenguaje común o el contenido descriptivo del mismo a nivel territorial.

No obstante algunos criterios se van delineando, por ejemplo hemos adoptado el que, en principio, ninguna marca será registrada si no es factible su reproducción gráfica (esta es una posición intermedia respecto a la del Brasil que solo acepta marcas con percepción visual), reproducción que debe permitir la representación acabada y repetitible del signo. Por ejemplo, una marca sonora representable en un pentagrama pero no un sonido onomatopéyico o un aroma o sabor de apreciación, por ahora,  absolutamente subjetiva. Criterios que podrán ser reevaluados en el futuro si las condiciones y avances tecnológicos lo permiten.

Por el momento la Dirección de Marcas no ejecuta un examen de fondo en los componentes figurativos de un signo, esta falencia es producto de no contar con el soporte tecnológico adecuado, pero en los próximos meses se comenzará, cambio de sistema mediante, a clasificar estos elementos y en un futuro comenzar con su examen de fondo.

La existencia de unas 550.000 marcas en vigencia, de las cuales un 30% (unas 160.000) contienen elementos figurativos implica la adopción de una solución de compromiso entre el tiempo de puesta en marcha y los fondos necesarios. En principio se realizará un paulatino escaneo en el momento de la presentación o renovación que concluiría en una base completa dentro de diez años. Durante 2004 se comenzará a capacitar personal en la clasificación con el objeto de crear capacitadores para extender el uso lo más rápido posible. Para ello contamos con el imprescindible apoyo de la OMPI y esperamos que con el de ustedes.

En un país como el nuestro, que viene de una profunda crisis tanto institucional como económica, pareciera que debiera establecerse una estrategia de difusión de las ventajas de una adecuado registro de los signos marcarios y de su importancia frente a un deseable y sostenido desarrollo del comercio interno y externo.

Así lo entendió la actual conducción del INPI, que lejos de desarmar lo antiguo o lo realizado por otras conducciones, con el fin de lograr una rápida y tantas veces inútil diferenciación política, tomo lo bueno y lo continuó, modificó las pautas que creyó equivocadas o no admisibles en el nuevo entorno, estabilizó y jerarquizó a los funcionarios de toda categoría y logró un clima de entendimiento y sana discusión en los temas de la Propiedad Industrial.

El proceso comenzó por la Dirección de Marcas.

En solo un año se logró pasar de un tiempo de más de 24 meses en el otorgamiento de un registro a una realidad actual de no más de diez meses.

Pero, cómo se hizo. Se logró a través de una serie de acciones que partieron de la recomposición de mandos medios en la Dirección, adjudicando tareas y responsabilidades hasta ese momento un tanto diluidas y en muchos casos duplicadas o triplicadas, eligiendo los profesionales y agentes más respetados e idóneos, desde lo intelectual y personal, para ejercer las funciones de conducción. Una vez establecido esto, se ideó un plan de reducción de atrasos basado en la confluencia de un aumento de productividad y de un suplemento por estudio extra realizado por sobre un mínimo de consenso. De esta manera, con los factores de la producción de que disponíamos y sobre todo con su esfuerzo, redujimos los tiempos de concesión, los de entrega de títulos, el lapso que media entre el proyecto de concesión y la disposición que la efectiviza y se ordenaron más de 100.000 expedientes en los archivos.

Como ejemplo de la labor realizada cabe consignar que durante 2001 se resolvieron unas 42.000 solicitudes y durante el primer semestre de 2002 unas 26.000 pero se concluyó el año con 60.000 marcas resueltas y con una proyección para todo el 2003 de 73.000, esto implica que durante un año y medio se resolverán un casi 60% más de solicitudes que igual lapso anterior. En total se estudiarán entre julio de 2002 y diciembre de 2003 unas 130.000 solicitudes, se habrán confeccionado y entregado 60.000 títulos estrictamente bajo pedido y previo pago y archivado ordenadamente unos 120.000 expedientes:  récord total para la Dirección de Marcas y todo con 70 personas incluyendo a los directores.

Respecto a los ingresos, 2003 confirma la tendencia de fines de 2002. Cuando normalmente en la Dirección ingresaban unas 60.000 actuaciones, durante la crisis de 2001 se recibieron 40.000, 2003 proyecta un ingreso total de 70.000, en lo que influye la particularidad de ser un año especial respecto a las renovaciones que doblan la media histórica, no obstante la tendencia es a un incremento abultado, esperando, al menos, repetir los guarismos de marcas nuevas durante 2004. La Dirección de Marcas generará, por si sola, casi $14.000.000 durante 2003, esto es prácticamente la totalidad del presupuesto del INPI.

Pero estos logros no fueron casuales, el apoyo como dijimos de la actual conducción del Instituto fue determinante, con la mirada puesta en la superación podemos decir que a los efectos de conseguir un objetivo de satisfacción al cliente llegó hasta la audacia. Lo logramos y nuestro desafío es mantener los actuales niveles en lo cuantitativo y un curso ascendente en lo cualitativo.

Para ello ya se informatizó prácticamente la totalidad de la Dirección de Marcas, se contrató, a través de OMPI, la actualización del sistema que reemplazará al rígido y obsoleto, pero que grandes servicios prestó,  actual y que permitirá una mayor flexibilidad de trabajo, la comunicación en línea y la automatización de numerosos procesos rutinarios y tediosos.

Todo sin olvidar al trabajador: la conducción del Instituto promocionó al personal cada vez que se producía una vacante, ingresando, salvo en muy pocas y determinadas ocasiones, nuevos agentes en los más bajos niveles escalafonarios compatibles con sus funciones. De esta manera cerca de 100 promociones, un tercio del personal total del INPI, fueron otorgadas en el lapso de un año. También se mejoraron las condiciones ambientales climatizando la totalidad del Instituto y mejorando las condiciones de limpieza, de seguridad y de control.

Estamos ya, pues, en condiciones de comenzar otra etapa, sin olvidar el mantenimiento de los adelantos alcanzados. Esta etapa estará signada por la reforma de la legislación, métodos y regulaciones. El primer paso fue dado con la flexibilización de las condiciones para acreditar personería al derogar, para la Dirección de Marcas, la Resolución P-062 reemplazándola por la P-133 del 2002 que establece la declaración jurada como medio de acreditación y la nulidad de lo actuado en caso de falsedad.

Fue elevado y es inminente la firma de un proyecto de Decreto modificatorio del 558/1981 reglamentario de la Ley de Marcas, que además de ratificar la resolución antedicha permite un proceso de notificación, que evitará las históricas demoras, a través de la publicación en el Boletín de Marcas y Patentes de las objeciones y oposiciones al registro de un signo, introduciendo, también, la posibilidad de modernas formas de comunicación entre el administrador y el administrado, tales como el e-mail, fax y tráfico on line.

Ya estamos delineando los principios de una nueva ley de Marcas que reemplace a la excelente 22.362 contemplando una mayor agilidad en los cambios que requieran las nuevas formas y condiciones del comercio. Pensamos en una Ley marco que contenga los principios de la actual, tan de acuerdo con el Tratado de París y con el ADPIC, pero que permita vía reglamentaria el ajuste fino sin la necesidad de una nueva legislación.

Pensamos en la introducción de conceptos, hoy difundidos en el mundo pero no contemplados en la Ley 22.362 tales como:

·        Marcas Colectivas

·        Marcas de Garantía

·        Registro de Licencias

·        Valoración de Marcas

·        Automaticidad de las Renovaciones

·        Apertura a Oposición al final del trámite

·        Regulación de la actividad del Agente de la Propiedad Industrial, a los efectos de reconocer lo que es hoy, un verdadero auxiliar profesional del Registro y no un mero gestor.

Grandes pasos hemos dado, falta mucho por discutir y recorrer pero estamos seguros de lograrlo. No nos consideramos los dueños de la verdad y es por ello que toda crítica o sugerencia es bienvenida. El consenso al que aspiramos es fundacional, es lograr una moderna Oficina que sirva al país y su industria, que de seguridad jurídica y que haga sentir orgullosos a todos aquellos que trabajamos en la Propiedad Industrial. Para ello nos comprometemos a seguir con nuestros esfuerzos y solicitamos de la experiencia y el tesón de todos ustedes.

 

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